sábado, 26 de octubre de 2019

Ahogado en faenas y placeres

En cuanto a la parte que cayó
entre los espinos, estos son los
que oyeron; pero mientras siguen
su camino, quedan ahogados por
las preocupaciones, las riquezas y
los placeres de la vida y no llegan
a la madurez.

Jesucristo. Lucas 8: 14 (VIN 2019)

     1 Una conocida comparación, o parábola, dicha por nuestro Mesías, Yahoshúa, es la del Sembrador. Muchos la usan para reafirmar el compromiso del creyente, o mejor decir el discípulo, para enseñar a otros y hacer nuevos discípulos alrededor del mundo.  Cada uno de los cuatro tipos de receptores son explicados en detalle por el maestro de cómo reaccionará al recibir la enseñanza. Esto nos muestra que no todo el mundo recibirá la palabra, sino que habrán personas que se resistirán a oírla.  

     2 Veamos un resumen de cada uno de los cuatro receptores: El primero, el de la semilla que cayó junto al camino, son los que oyeron, pero simplemente lo ignoraron, y el Ha-Satán les quita la palabra de su corazón.  Muchos de estos pueden terminar rechazando la palabra y conjurándola como innecesaria o ridícula. El segundo grupo son los de la semilla en la roca. Estos son los que creyeron de banca. Estos lo siguen por tradición, no profundizan ni en conocimiento ni en espíritu, y se apartan de la devoción espiritual cuando vienen las situaciones.  Los encontramos mucho en las comunidades de fe. El tercer grupo, en el cual me quiero enfocar, son los que reciben. Pero, al seguir su camino, se ahogan en las faenas. El cuarto grupo es el más fácil de explicar: los que se fundamentan y siguen en estudio profundo, devoción y espiritualidad.  

     3 Ahora bien, enfoquémonos en el segundo y el tercer grupo, que pudiera decir que muchos caemos en ese grupo.  En estos grupos pueden haber distintos tipos de personas. En el segundo, los de la piedra y sin raíz, deseamos seguir creyendo, pero solo nos enfocamos en lo que oímos.  No leemos más allá, no nos enfocamos más allá, no estudiamos más allá, no llevamos una vida devocional. A veces llamamos normal lo que se considera una conducta incorrecta en las enseñanzas escriturales, y solo somos sirvientes de Sábado.  O aquellos que sirven domingo, pues de domingo. O peor aún, no sacamos ni un día en la semana para servir y adorar al Creador. No creamos la raíz necesaria para sostenernos en la fe. Y, cuando viene la prueba menor, la consideramos normal o: “peco ahora y después me arrepiento” y no crecemos espiritualmente.  

     4 Entonces, viene el tercer grupo, el que los que oyen, pero siguen su camino.  En este grupo, estamos los que creemos y decimos “pronto serviré”, o “lo dejo para cuando tenga tiempo”.  Entonces, consideramos normal lo que no es conducta permitida en la palabra, como por ejemplo: ir rutinariamente a beber a los bares, tener sexo sin ningún orden bíblico, entre otros comportamientos.  O, simplemente, nos enfocamos mucho en el trabajo, o en los asuntos familiares, o en las diversiones o, peor, los placeres. Entonces, nos ahogan eso, nos crea pesadez espiritual, no podemos ni siquiera doblar rodilla o mantenernos de pie para orar, no escudriñamos, y nos ahogamos y no maduramos espiritualmente.  Este ahogo, este estrés, también le puede pasar al tercer grupo.  

     5 ¿Cómo podremos pertenecer al cuarto grupo, al grupo de los que se fundamentan?  Primer paso, en los mensajes, discursos, predicaciones, sermones u homilías (como lo quieran decir), lleva una libreta y toma nota.  Todo lo que haya dicho el mensajero desde el altar o la plataforma, regresa a casa, lee el capítulo completo y hasta el capítulo anterior y el siguiente de todos los versos que mencionó.  Si tienes que buscar otras versiones de la Biblia, hazlo. Me gusta mucho la página de “Bible Hub”, pues puedes ir al hebreo masorético y al griego antiguo de la escritura, palabra por palabra, y consultar buenos diccionarios allí.  

     6 La vida devocional es muy importante. (Muchos, en especial yo, no lo hacemos)  Cuando te levantes, orina, báñate y te pones a orar en un lugar lejos de tu cama, unos cinco o diez minutos.  Lee unos versos de las Escrituras, y prepara desayuno y ve a tu diario vivir. Por la noche, antes de acostarte, lee un poco la Biblia y ora, aunque sean cinco o diez minutos.  Poco a poco, las cosas se van acomodando para que aumente tu vida espiritual.  

    7 Saca un día a la semana para descanso y devoción.  Normalmente puede ser el Sábado, puesto que el Eterno descansó al séptimo día luego de crear la Tierra en seis días (figurativo, no seis días exactos necesariamente, pueden ser años o milenios en cada día), y lo bendijo.  Por otro lado, el Mesías, Jesucristo, es el dueño del Sábado. Pero, si no lo haces el Sábado, toma cualquier día, sea domingo o cualquier otro.  

     8 No te conformes con menos.  Si ya sientes que llevas una rutina y es más de lo mismo, cambia la estrategia.  Busca más.  

     9 Muy importante, ayuda a tu prójimo o amigo.  No lo juzgues. No estés pendiente a lo que hace o no hace.  Si estás pendiente, debe ser solo para darle la mano, si lo quiere.  Si no quiere ayuda, déjalo tranquilo. Te lo pedirá en su momento. No comentes de esto con otras personas.  Si el pecado o hablar del prójimo es lo importante para ti, busca otros temas de conversación: la Biblia, lee alguna noticia, a la mayoría de la gente le gusta el deporte.  Si ofendes a alguien, pide perdón. No le desees mal a nadie.

     10 Por último, si fallas en algo, vuelve a empezar.  No te juzgues mal a ti mismo. Pide perdón y sigue.  Si un pecado te atormenta, pide ayuda espiritual del anciano de tu congregación.  Ora y pide sabiduría. Muchos pecados pueden durar años. Es importante que estás buscando de tu devoción espiritual, y así podremos pasar del segundo o el tercer grupo, al cuarto grupo.  

     11 Nuestra madurez espiritual depende de nuestra integridad propia y hacia los demás.  El Espíritu Santo es eso mismo, Santo. Lo santo no puede habitar en lo profano. Pero, eso no significa que pueda usar algo profano para algo bueno, pues es muy caprichoso.  Según nos comportemos en nuestra intimidad, es como nos reflejaremos en lo público.  

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